EL ENSAYO COMO GENERADOR DE JUICIO CRÍTICO:

 

RUDY COTTON  2016

 

 

Por Irma de Luján

 

“Ahora pues, el creador y el formador dijeron otra vez más: Mientras más trabaja uno en eso, más incapaz es él de marchar a multiplicarse; que se haga pues un ser inteligente, dijeron ellos.”  Libro del Consejo, Popol Vuh

 

Con su nueva obra Meridianos, el pintor Rudy Cotton le rinde homenaje a Carlos Mérida (1891-1984). Tarea nada fácil la que se impuso Cotton, pero ya era tiempo de rendirle un homenaje al Maestro.  Inspirándose en su pintura, la serie Meridianos es  un  inteligente acercamiento a su obra. Se aleja de ella cuando difumina el color, pero logra a la vez nuevas tonalidades  y un espacio exterior que hace aún más fuerte las resonancias de la geometría, adquiriendo el conjunto una gran plenitud.  Sus formas, claramente se acercan a Mérida, si bien los conceptos son diferentes.

Sobre la obra de Carlos Mérida se han escrito infinidad de estudios, aunque creo que el trabajo realizado por Margarita Nelken es de los más logrados, ya que con un lenguaje claro nos presenta un estudio objetivo y enriquecedor sobre su obra. El otro estudio que con un sentido poético nos introduce con gran lirismo a la obra de Mérida, es el de Luis Cardoza y Aragón, quien escribe, refiriéndose a la pintura de Mérida:  “Estas notas no fueron compuestas con el simple registro de sensaciones. Existe en ellas, podríamos decir, una estética, una coordinación intelectual que me sirve de base para organizar mis simpatías, sin que sea esto un sistema.”

Nelken apunta que Mérida  pretendía emular un arte arcaizante, puesto que  cualquiera de sus pinturas, aisladas en cualquier país, se imponen.  La obra de Mérida de  su etapa arcaizante plasma un claro y difícil enlace con la pintura maya, la cual se ha perpetuado  en nuestros tejidos, sobre todo los del altiplano. ¿Acaso no es la diosa Ixchel, divinidad tutelar de los artistas? ¿No se le representa tejiendo? Los tejidos realizados por las mujeres del altiplano, ¿acaso no resurgen en las cenefas interiores del Banco de Guatemala? 

Sabido es que la paleta maya probablemente sea la más rica y elaborada de la América precolombina. Basta con el ejemplo de Bonampak para confirmarlo. Es este mural, admiramos la composición, el movimiento, el color y la sabiduría para resolver las relaciones de las formas con la arquitectura. Mérida revive los colores ancestrales y actuales en planchas de cobre y esmalte, logrando que el conjunto sea una cadencia maravillosa de ritmos y formas que encontramos en cintas, fajas, y tocoyales. Cardoza y Aragón apunta que a pesar de que las cenefas son en cobre y esmalte, la dureza del cobre y el esmalte se olvida y surge de ellas la suavidad de los tejidos.

Mérida, en estas obras, desechó el aspecto pintoresco para encontrar solamente la pintura.  Admiraba el arte popular de nuestros pueblos y afirmaba que no hay arte popular, sino tradición popular del arte. El arte popular no hace estilizaciones, porque simplemente es un estilo. Mérida sabía que las estilizaciones crean un arte híbrido, extraño al pueblo.

 

 

La pintura de Mérida poco a poco se fue haciendo planimétrica.  En 1951, realiza un dibujo en lápiz de color sobre papel de Bali. Este dibujo es un lento y seguro arabesco, en apariencia rígido, pero con un trasfondo absolutamente musical, reduciendo las líneas a lo esencial en un análisis único de la divina proporción o sección áurea. De hecho, Mérida escribió un largo y puntual estudio sobre el tema de la sección áurea. En este estudio Mérida explica cómo es la combinación armoniosa de líneas y proporciones. Fueron los griegos y sobre todo Fidias, quienes asentaron el canon, llegando a afirmar que era la facultad que aproxima al hombre con los dioses. A este canon le dieron el nombre de euritmia. Euritmia es el Partenón; todo Fidias es euritmia o sinfonía, como también le llamaban.  Debemos tener claro este sentido del ritmo de la línea y proporción, así como de los intervalos que le dan la grandeza a la obra de Mérida. Prescinde, en esta etapa, del claroscuro y de la representación del volumen. Prefiere las tintas planas y la planimetría.

Mérida, al igual que muchos pintores, como Monet, Dufy y Picasso que tenían un gran interés  por pintar en series, realizó varias series como sus Paisajes de Guatemala y dos series sobre el Popol Vuh, una de tendencia geométrica y lo otra con mucho de surrealista. Mérida quería ser músico, y estas series nos recuerdan las variaciones sobre un tema, en el sentido de que una composición musical desarrolla un tema melódico. Por el carácter tan definido y mental, la geometría en su obra llega a ser la emoción de la forma, indudablemente basándose muchas veces en un rigorismo musical. Creo que Mérida admiraba la música de Alban Berg (1885-1935), cuyo dodecafonismo es imposible que lo dejara indiferente.  Esta forma musical que se basa en la división de la escala en doce notas es una permanente búsqueda entre el sistema tonal, caduco para Berg, y el dodecafónico a través de la melodía.

En la geometría de Cotton existe algo decisivo; intuimos que su arte no depende de lo formal sino de un íntimo deseo que de que el conjunto adquiera plenitud plástica. La obra de Cotton es recia: bloques horizontales se cruzan con los verticales; el movimiento surge del centro de esta especie de cruz, logrando una amplitud de espacios en movimiento. Libera la fuerza del color, difuminándolo; también lo hace en las asociaciones referenciales, logrando unas condiciones específicamente comunicativas. Trasmite fuerza su Meridiano I, un conjunto de cuadrados, rectángulos, líneas y volúmenes que nos da la sensación de bloques y curvas. En la mayoría de sus obras, Cotton coloca en el centro líneas curvas, que en muchos casos se vuelven círculos. De esta manera, el conjunto adquiere plenitud por las relaciones armoniosas que va creando el círculo. Estos ideogramas surgen cuando una vertical corta con una horizontal, o bien cuando el vértice de un ángulo roza al círculo, como el dedo de Dios y Adán.

 

 

 



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